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Carlos Pestana Zevallos, arquitecto y amigo

La primera relación que tuve con Fernando Belaunde fue cuando era alumno de la Facultad de Arquitectura de la cual él era el Decano. Se me presentó un problema. Yo tenía que trabajar para pagar mis estudios y mi trabajo consistía en ser tripulante en aviones comerciales internacionales, lo cual significaba que debería ausentarme unos días mientras duraban los viajes y esto complicaba los estudios. Le pedí al Decano que me recibiera, y me atendió de inmediato.

Le expliqué el problema, él pensó un momento y se produjo el siguiente diálogo: Es usted aficionado a la fotografía ¿no es cierto? –Así es señor ¿y usted cómo lo sabe?- Lo he visto tomándole fotos a Dorita Mesarina –es verdad, pero es que estaba postulando al reinado de la olimpiada y…- Basta, es suficiente, si usted durante sus viajes toma fotografías de obras arquitectónicas interesantes como edificios, viviendas, instituciones, y al regresar las proyecta a sus compañeros de clase y de esta manera comparte con ellos, en sesiones especiales, los avances arquitectónicos en otros países que no van a ver aquí, y mientras usted cumpla con todas las exigencias de los estudios, queda regularizada su situación.

Se abrió el cielo y se resolvieron una serie de cosas. La primera, pude terminar mis estudios; la segunda, aprendí una lección que practicaba constantemente nuestro maestro y que se encuentra en las palabras que dicen: cuando tengas limón, haz limonada; y la tercera, terminé casándome con Dora. Ya llevamos más de cuarenta años felices casados.

Hemos recibido los beneficios de su entrañable amistad sus discípulos, sus colegas, sus acompañantes en innumerables viajes y trabajos por todo el Perú, Enseñanzas que llegaron a nosotros simplemente con su ejemplo, pues así nos enseñó que hay que ser generosos, dar sin límite, combatir sin temor los reveses, trabajar sin buscar el descanso y gastar nuestras energías, sin esperar otra recompensa que la de estar ciertos de que estamos cumpliendo con nuestro deber y con la patria.

Desde el punto de vista de la arquitectura, pienso que la gestión gremial de Fernando Belaunde comienza desde las aulas en su manera de tratar a los alumnos, de aconsejarlos, de dirigirlos, era una forma de prepararlos para la vida profesional que a la larga va formando el gremio.

Como acto de gran importancia gremial del arquitecto Belaunde, fue la de fundar en compañía de otros colegas la Sociedad de Arquitectos del Perú, la que se convirtió posteriormente en el Colegio de Arquitectos.