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Mensaje anual al Congreso de la República, julio de 1966

Mensaje anual del Presidente Fernando Belaunde Terry al Congreso de la República, julio de 1966

Señores representantes:

fernando belaunde terryLlegamos a la mitad del camino. A mitad del camino entre el juramento solemne que inició este régimen y el término improrrogable que la Constitución le fija.

Me toca cumplir el honroso deber de dar cuenta al Congreso de la labor realizada.

Equidistante en el tiempo entre el punto de partida y la meta por alcanzar, es éste el momento en que el ayer y el mañana, deben ser analizados con la claridad de los hechos y con la sinceridad de los propósitos.

A mitad de camino es útil comprobar la trayectoria recorrida. Señalar los hitos de progreso colocados a lo largo de la ruta. Es oportuno y necesario efectuar el balance, hacer una estimación del debe y del haber, en los caudales de confianza que tan generosamente depositó el pueblo en las ánforas.

Vencido el primer trienio intentaré demostrar que hemos cumplido buena parte de nuestros propósitos; que redoblamos la marcha y que, al finalizar este periodo, no habrá saldos deudores en nuestra cuenta con la patria que no sean los que correspondan a nuestra deuda de gratitud por habernos abrumado, con el más alto honor, al confiarnos sus destinos.

Veamos las principales tareas cumplidas en cuanto a orden jurídico, política interna y externa.

Justicia

Me es muy grato dar cuenta de que en uso de la autorización correspondiente he promulgado la Ley sobre sociedades mercantiles, efectuada su revisión por la comisión respectiva  integrada por los representantes del Parlamento y los especialistas designados por el Ministerio de Justicia y Culto, la cual ha cumplido eficazmente su cometido.

Esta novísima Ley de Sociedades Mercantiles, constituye un acontecimiento de gran trascendencia. De una parte, y tal vez con la sola excepción del vetusto Código de Comercio, es la ley de carácter comercial más importante que ha tenido el país. Y, de otra parte, es un eficaz y valioso instrumento para nuestro desarrollo económico por la decisiva influencia que ha de tener sobre la inversión privada, canalizándola hacia actividades dinámicas en base a la devolución de un indispensable sentimiento de confianza, que había desaparecido lamentablemente, y con el cual podrá crearse un mercado de capitales, extenderse la sociedad hacia sectores medios y populares mediante entidades de accionariado difundido y democratizarse la empresa.

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