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Mensaje anual al Congreso de la República, julio de 1968

Mensaje anual del Presidente Fernando Belaunde Terry al Congreso de la República, julio de 1968

mensaje fernando belaunde 1968Señores Representantes:

Un lustro de incansable actividad se cumple en esta fecha, habiéndonos correspondido sobrellevar, en los últimos doce meses, la etapa más difícil del actual periodo. Más, por fortuna, nos toca ahora demostrar que la estamos superando. Y, algo más, señores Representantes, como hemos de verlo en el curso de este Mensaje, he de ser, en esta etapa trascendente, portador de buenas nuevas para la República.

En los momentos de prueba que hemos afrontado ha sido factor decisivo para vencerlos, la actitud de profunda madurez de nuestro pueblo, que tiene la rara cualidad de ver claro cuando pasajeramente se nubla el panorama nacional, penetrando su mirada profunda y perspicaz al fondo mismo de los hechos. Una sensibilidad intuitiva lo hace detectar bien la buena fe, la sinceridad y el patriotismo, frente a los gestos efectistas e interesados que rodean los  acontecimientos de murmuración y alarma, en busca de ilícitas e inconfesables ventajas. Y debo agregar que, en el orden institucional, el gesto del Congreso al otorgar al Gobierno transitoriamente poderes extraordinarios para afrontar la crisis fiscal y el invariable sentido de responsabilidad de los Institutos Armados han sido factores determinantes en el gran propósito común por lograr la recuperación de la confianza.

Permítaseme extraer del volumen que he entregado al Señor Presidente del Congreso aquellos puntos que es preciso resaltar, aunque sintéticamente, ante la inevitable limitación del tiempo.

I. ORDEN JURÍDICO, POLÍTICA INTERNA Y EXTERNA

Justicia – Gobierno – Relaciones Exteriores

JUSTICIA

El propósito de dar realce a la trascendental función que corresponde al Poder Judicial tomó forma, en el Callao, en el nuevo Palacio de Justicia que vino a sustituir el local inadecuado de que antes disponía. Limitaciones económicas han impedido que este proceso de rehabilitación de la sede judicial en distintas jurisdicciones de la República adquiera el ritmo que, evidentemente, debe tener. Igual preocupación causa la insuficiencia de medios para atender, en cuanto al Culto se refiere, a la reconstrucción de innumerables templos, muchos de ellos de valor histórico, y a la terminación de edificaciones inconclusas. Con su reconocida moderación y espíritu de sacrificio, la Iglesia, tanto en ese aspecto cuanto en lo que atañe a otras necesidades, ha sobrellevado abnegadamente una situación de severa limitación económica, comprometiendo la gratitud del Gobierno.

En el orden carcelario, el Centro Penitenciario de Lurigancho que el año pasado pusimos en servicio, sólo parcialmente, ha sido preparado para absorber a toda la población que se encontraba hacinada, en condiciones evidentemente inaceptables, en la carceleta del Palacio de Justicia. Tal establecimiento ha sido clausurado, como lugar de reclusión, manteniéndose tan sólo un servicio diurno para facilitar las diligencias judiciales que requieran la presencia del inculpado.

Dentro de la nueva política que, en ese aspecto, ha implantado el actual régimen y que tiene una expresión adecuada en la cárcel de Ica y su máximo exponente en el local de Lurigancho, tan justamente elogiado por los penalistas, no cabía la subsistencia de la precaria carceleta a que he hecho alusión, y en la medida de que los recursos lo permitan, se procederá a sustituir los locales de reclusión carentes de elementales características de decoro y dignidad, sin las cuales cualquier intento de rehabilitación de quienes caen en el delito resultaría completamente estéril.

Lea el mensaje completo aquí.