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Relato desde el exilio: El golpe del 3 de octubre de 1968

El golpe del 3 de octubre de 1968

Relato personal de Fernando Belaunde desde el exilio

A eso de las dos de la mañana sentí ruidos en la calle que mi hija, aún enfrascada en la lectura, inmediatamente percibió. Cuando llamé al oficial de órdenes por teléfono directo me dijo que la Plaza de Armas estaba ocupada por tanques del ejército. Fue sumamente sospechoso el hecho que de no se hubiera prevenido a los edecanes de servicio, comandantes Acha y Silva Santisteban, a quienes inmediatamente ordené alertar.

Rápidamente me vestí y procedí a llamar telefónicamente al Ministro de Guerra, general Dianderas, a quien desperté. “Hay un levantamiento” le dije “y es preciso debelarlo en la forma más enérgica. Ignoro aún su origen. Palacio está rodeado. Como es problemático que mantengamos comunicación o nos encontremos, lo autorizo a adoptar las medidas más drásticas para combatir el golpe y a poner mis firmas en las resoluciones que sean requeridas para efectuar las destituciones y cambios a que haya lugar”. En los mismos términos hablé con los ministros de Marina, vicealmirante Luna Ferreccio y de Aeronáutica, general Gagliardi. Mientras impartía tales instrucciones escuché una descarga de metralla y, pocos instantes después, irrumpió la tropa en la residencia, cuyo techo, a juzgar por el persistente ruido, se encontraba ya totalmente tomado.

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